SAVASANA. El descanso
Lo más fácil y lo más difícil a la vez
12/8/20252 min read


Y así acaban todas las clases de yoga. En esta postura final. Savasana.
Tan necesario este descanso.
Tan importante poder integrar.
Pausar después de la activación y que todo se coloque en su lugar.
Que la energía se asiente. Que la respiración se regule. Que todo el sistema nervioso pueda relajarse.
Practicar esta postura de "no hacer", aparentemente, es lo más sencillo, lo más fácil, dejarse estar en el suelo, ojos cerrados y nada más.
Y, es cierto que, muchas veces, es muy agradable soltar desde aquí y dejar el cuerpo y la mente en reposo.
Aquietar después de la práctica en movimiento.
Y si alguien te guía una relajación (yoga nidra) es, realmente, un descanso profundo y un viaje relajante que equilibra todo tu sistema.
Un agradable reset.
Pero, también es cierto que, hay veces que esta postura no resulta fácil ni cómoda.
Y no por el cuerpo sino por la mente.
Cuando te estás moviendo durante la práctica la mente está bien enfocada, estás en actividad (al igual que durante el día mientras estás haciendo cosas, más o menos conscientes), pero cuando paras y tienes que estar un rato en silencio contigo la historia es otra.
Por eso también la meditación puede resultar un reto para muchas personas y para algunos momentos en la vida. No hay nada con lo que puedas distraerte fuera y queremos salir de ahí.
Es algo curioso y casi paradójico, porque buscamos el descanso profundo, la relajación pero al mismo tiempo no nos damos el tiempo de entrar en ella. No nos permitimos parar, observar, relajar...
No sabemos cómo hacerlo muchas veces.
Y preferimos pasar a otra cosa antes que tomarnos un tiempo de pausa para asentar, para sentir, para estar, sin más.
Savasana (la postura del cadáver) puede ser el cielo o el infierno.
Puede ser lo más sencillo o lo más retador.
¿Lo has observado?
Y más allá de la práctica de asanas en yoga, el hacer una pausa y entrar en silencio en algún momento del día puede traer la misma contradicción.
Por un lado, la necesidad que sentimos de parar y, por otro, lo incapaces que somos realmente de hacerlo.
Todo, a veces, es tan sutil que me gusta poder darme cuenta de esto que me sucede.
De como mi propia práctica personal me abre la mirada y la atención hacia los procesos de mi mente, mis reacciones, mis huidas, al ruido que sigue estando ahí y que necesito seguir trascendiendo.
Y eso es lo que valoro de mi camino de yoga.
No que pueda cambiar todo de repente si no que pueda darme cuenta porque ahí empieza ya el cambio más potente. Lo más transformador.
No me convierte en una persona distinta pero me hace ver lo que no soy.
Y eso es tanto, tanto, tanto...
